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diciembre 03, 2012

Pompeya, y su segunda destrucción

La historia nos recuerda que la ciudad romana de Pompeya quedó sepultada por las cenizas del volcán Vesubio, un 24 de agosto del año 79. Las cenizas de aquella erupción preservaron y congelaron la ciudad ese día luego del violento evento volcánico.

Un detalle histórico que no se sabe mucho es que en el verano de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, los aliados estuvieron a punto de destruirla por segunda vez. En ese tiempo, la aviación aliada bombardeo continuamente toda la región de Nápoles, y la sepultada ciudad de Pompeya no era excepción.

La campaña de bombardeos estuvo a punto de borrar el testimonio físico más importante de lo que fue la vida en la Roma Imperial.

Hasta la fecha los arqueólogos siguen discutiendo cuáles fueron los daños reales de aquel brutal bombardeo. En base a los testimonios y manuscritos delos pocos testigos que sobrevivieron a la lluvia de fuego que cayó en los alrededores de Nápoles, y a las  fotografías tomadas pocos días después de los ataques, la conclusión es que los yacimientos de Pompeya cayeron unas 190 bombas, procedentes de la aviación norteamericana y británica.
Algunos investigadores, señalan que el fuego aliado provoco daños irreparables que hasta ahora han sido ocultados por motivos políticos y como parte de la campaña de lavado de imagen que los vencedores llevaron a cabo tras la Segunda Guerra Mundial.

Los restos de aquel innecesario bombardeo, siguen saliendo a la luz hasta el día de hoy, a raíz de nuevas excavaciones que se realizan en el lugar. Un ejemplo de esto, es que el 14 de julio del 2006, los arqueólogos encontraron una bomba de mortero en la llamada casa de Quirurgo, la cual tuvo que ser desactivada como si fuera un acto terrorista. Las autoridades de la ciudad museo mostraron la bomba como muestra de los que fue el bombardeo del verano de 1943.

Muchas viviendas como la antes mencionada fueron afectadas por el bombardeo, pero también se destruyo un museo de sitio con casi dos mil objetos, entre ellos el fresco mas grande que se conservaba, un representación de Diana y Acteón que podría convertirse en la pintura romana original mas importante de todas las que han sobrevivido hasta hoy.  En estos lamentables hechos también habrían resultado calcinados por las bombas varios de los famosos cuerpos pompeyanos, que corresponden a lo que quedo de los seres humanos de entonces por efecto de la lava  solidificada.

 Por suerte la mayor parte del patrimonio artístico de Pompeya se salvó de milagro, pues las bombas no llegaron a los lugares más representativos, sin embargo, lamentablemente estas ofensivas aéreas que duraron ocho días, provocaron la muerte de decenas de civiles italianos que no tuvieron mucho que ver con la guerra.  

octubre 04, 2012

La maquina secreta Enigma

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la Alemania nazi se desarrollo una tecnología de comunicación encriptada que puso en jaque a los aliados. La clave de todo el sistema de comunicación secreto alemán era un artefacto parecido a una máquina de escribir dentro de una caja de madera. Bajo su inofensivo aspecto se ocultaba un sofisticado ingenio que tenía como misión enviar mensajes mediante un mecanismo que los convertía en indescifrables para el enemigo.

Con el sofisticado equipo, los submarinos alemanes destinados en el Atlántico podían comunicarse entre ellos y con su país, logrando una coordinación que estaba costando el hundimiento de muchos barcos a los aliados. La existencia de esta máquina era fundamental para la táctica empleada por los submarinos alemanes, conocida como la “jauría de lobos”. Consistía en la presencia continua de unos quince submarinos en alta mar, colocados estratégicamente en las rutas que solían seguir los convoyes aliados. Estos submarinos estaban separados entre sí por largas distancias, con lo que conseguían cubrir zonas muy amplias.

Cuando uno de ellos avistaba una presa, ya fuera un convoy o un barco aislado, comunicaban a su base la ruta que estaba siguiendo. Desde allí se avisaba a todos los submarinos disponibles para que convergieran sobre el objetivo en un punto del océano, normalmente por la noche. Cuando llegaba el momento, todos los submarinos reunidos para la ocasión comenzaban a disparar sus torpedos. Si no se conseguía hundir el barco enemigo, lo seguían a una distancia prudencial y cuando llegaba la noche volvían a lanzar sus torpedos, hasta que lograban su hundimiento.

Dicha táctica era tremendamente eficaz. Con esos pocos efectivos distribuidos por el inmenso océano se mantenían en jaque a toda flota aliada, que se veía incapaz para proteger a todos los barcos que cruzaban el Atlántico. Para que esa técnica de “jauría de lobos” pudiese llevarse a cabo era necesario contar con el factor sorpresa.

Los aliados necesitaban contar con un sistema que pudiera localizar la posición de los submarinos nazis y conocer de antemano el lugar de reunión. En ese caso, los “lobos” caerían en una trampa mortal y se acabaría la amenaza. Ése era el objetivo, pero ¿Cómo conseguirlo? Sólo había una respuesta: descubrir el significado de los mensajes enviados a través de la Enigma.

Para los aliados era vital conseguir descifrar esos mensajes. De este trabajo se encargaría la Escuela de Códigos del Gobierno, radicada en una mansión victoriana llamada Bletchley Park, situada a 70 kilómetros de Londres y a 100 Kilómetros de la playa de invasión mas próxima, para que pudiera seguir operando aunque los alemanes hubieran desembarcado ya en las islas británicas. En unos barracones construidos al lado de la casa principal se encontraba un grupo de expertos cuya única misión era lograr la clave de funcionamiento de aquella misteriosa máquina.

El heterogéneo equipo estaba formado por matemáticos, lingüistas, maestros de ajedrez e incluso expertos en crucigramas de las universidades de Oxford y Cambridge. Trabajaron durante meses, pero la Enigma seguía haciendo honor a su nombre; era virtualmente imposible descubrir la clave.

El origen de esta tecnología compleja se remonta al año 1926, cuando un equipo de ingenieros alemanes inventaron un artilugio que enviaba mensajes cifrados. Su utilización era muy sencilla, pero no tanto su funcionamiento. Si bien en este documento no es posible explicar con detalle cómo se codificaban los mensajes, es suficiente indicar que se trataba de un artefacto similar a una máquina de escribir, en la que al pulsar una letra se accionaban tres ruedas internas con 26 contactos, las cuales, combinándose entre sí, acababan emitiendo una letra distinta a la que se había tecleado en un principio.

Este mecanismo aparentemente simple producía en realidad una cantidad astronómica de combinaciones – el número 403 seguido por 24 ceros -, que incluso se podían multiplicar aún más si se intercambiaban de posición las ruedas. Para alguien que interceptase el mensaje, las letras resultantes no tendrían ningún sentido, ya que mostrarían una apariencia totalmente aleatoria. Para descifrarlo era imprescindible estar en posesión del libro de claves.

Un detalle importante a mencionar es que en los años veinte, antes de que Hitler llegase al poder en Alemania, esta maquina tenía un fin netamente comercial y se vendía como un producto más. Según diversas informaciones de entonces, una de estas unidades la compró el servicio secreto polaco, pero existen otras versiones, que señalan que los espías polacos la robaron en una oficina de correos alemana. Unos años más tarde, tras la invasión de su país, los polacos entregaron esta primera versión de la Enigma a los Aliados para que la estudiasen. Así pues, los expertos reunidos en Inglaterra para descubrir su funcionamiento dispondrían al menos de ese prototipo.

A lo largo de la década de los treinta, los expertos alemanes perfeccionaron la máquina. Además de las tres ruedas antes referidas, añadieron cinco suplementarias, con lo que las seis posiciones iniciales de las ruedas – que ya producían aquel número astronómico de combinaciones – pasaron a ser 336. La versión definitiva de la Enigma no se contentaba con ese número de posibles posiciones y lo volvió a multiplicar mediante la incorporación de diez clavijas similares a las utilizadas en las antiguas centralitas de teléfonos. El resultado final fue que la endiablada máquina era capaz de ofrecer 150 trillones de combinaciones, una cantidad imposible de abarcar por la imaginación humana.

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial se proporcionó una Enigma a todos los barcos y submarinos, ya que al navegar en alta mar y por el tipo de combate que llevaban a cabo era vital estar siempre en comunicación. Después se fue extendiendo su uso por el continente europeo, asignando unidades de la Enigma a las fuerzas terrestres y aéreas, así como a los servicios de información.     

Las conversaciones que mantenían los alemanes mediante esa maquina eran interceptadas sin problemas por los servicios de inteligencia aliados, pero esas comunicaciones formadas por letras sin ningún orden sacaban de quicio a los agentes encargados de explorar las ondas. Era imposible descifrar aquellos mensajes, más aún cuando las claves eran modificadas cada veinticuatro horas y además cada fuerza militar germana tenía su propia combinación en la posición de las ruedas de la Enigma. En la marina alemana, incluso, cada tipo de unidad tenía la suya propia.

Por ello, tal como se indicaba al principio, los británicos necesitaban desentrañar los misterios de aquel  artilugio. Pero el equipo de expertos que habían logrado reunir se mostraba imponente para resolver el misterio. Al final se llegó a una conclusión: el modo más rápido para resolver el dilema  era conseguir a toda costa una maquina enigma y su correspondiente libro de claves.

En efecto, ésa era la solución mas fácil, pero ¿Cómo se podía arrebatar una de aquellas máquinas a los alemanes? El modo que parecía más factible era conseguir alguna Enigma era de las que viajaban a bordo de los barcos de guerra alemanes.

Había que aprovechar los ataques de la armada británica a algunos de esos buques para penetrar rápidamente y apoderarse de ella, antes de que la tripulación la destruyese.

Los resultados de esa táctica no fueron muy espectaculares, al menos al principio. En febrero de 1940 se logró capturar un submarino alemán y se pudieron conseguir algunas piezas de la Enigma, concretamente tres de sus ruedas. En otros abordajes, en esta ocasión a barcos alemanes camuflados como inocentes buques pesqueros, los ingleses pudieron hacerse de otras piezas, pero la anhelada captura de la máquina completa seguía resistiéndose.
             
 Recién, el 9 de mayo de 1940 cuando se produjo el hecho que abriría las puertas a la comprensión del funcionamiento de aquella maquina le quitaba el sueño a todos los expertos que intentaban desentrañar su interior.

Un submarino alemán, el U-110, se hallaba en las frías aguas del Atlántico Norte patrullando en busca de algún convoy aliado para atacarlo. Al avistar un grupo de barcos lanzó sus torpedos, impactando en dos buques mercantes. En lugar de marcharse tras el ataque, el submarino se quedó para ver el efecto que había producido sus torpedos. Esto lo aprovechó una corbeta británica para ir tras el U-110 y atacarle con cargas de profundidad, algunas de las cuales afectaron al submarino.

El comandante del U-Boot, 4 Fritz Julius Lemp, decidió descender hasta el fondo y esperar a que sus perseguidores se marchasen, pero los daños recibidos le obligaron a salir a la superficie. Al aparecer a plena luz del día, varios barcos británicos se dirigieron hacia él y dispararon sus ametralladoras contra los tripulantes del sumergible, que intentaban salir por la torreta.

Un destructor británico aceleró su marcha para embestir  al submarino, pero casi en el último momento recordó la consigna de intentar hacerse con una Enigma. El destructor evitó la colisión y envió una lancha hacia el U-110, con un grupo de marineros dispuestos a irrumpir en el U-Boot para arrebatarles la valiosa máquina. Mientras tanto, los alemanes habían colocado cargas explosivas en el interior de su nave, precisamente para evitar que todos sus secretos cayesen en manos de sus enemigos, y habían saltado al agua.

En este punto de la historia es en donde aparecen dos versiones diferentes sobre la suerte que corrió el comandante alemán del submarino. Según los ingleses, el oficial levantó sus brazos mientras estaba en el agua y se suicidó ahogándose. Según otros testigos, se asegura que el alemán regresó nadando al sumergible al comprobar que las cargas no habían explotado, para volver a activarlas; cuando estaba trepando al casco del submarino recibió un balazo procedente de la lancha británica.

Sea como fuere, la verdad es que los marinos ingleses consiguieron entrar en el interior del U-110. Allí encontraron un ejemplar intacto de la Enigma, además de un libro de claves con una validez de tres meses. Durante cuatro horas se estuvo trasladando material y documentación secreta al destructor.

Unos días más tarde, el precioso cargamento llegó a la base escocesa de Scapa Flow, en donde los expertos, en un primer vistazo, confirmaron la trascendental importancia del hallazgo. No obstante, existía un peligro que podía dar al traste con buena parte del éxito cosechando. Este riesgo no era otro que el que los alemanes supieran que los Aliados ya contaban con una de aquellas maquinas.

Si la captura de la Enigma del U-110 llegaba a oídos germanos, no pasarían ni veinticuatro horas antes de que los alemanes variasen todos los códigos e incluso modificasen el funcionamiento interno de la Enigma. Así que la misión que se le encomendó a la armada británica fue conseguir que los aproximadamente cuatrocientos hombres que habían sido testigos de aquella operación permaneciesen en silencio sobre todo lo que habían visto u oído.

Evidentemente, muchos de ellos desconocían la importancia de aquel artefacto, pero aun así se logro que no trascendiese nada sobre lo que había ocurrido ese día en mitad del atlántico. El éxito de esta consigna de silencio fue total, ya que ni uno solo de esos cuatrocientos marineros dijo nunca nada sobre el asunto mientras duro la guerra. Incluso un número importante de ellos se negaba a ofrecer cualquier tipo de información muchos años después de finalizado el conflicto. 
    
Una vez lograda la posesión de la máquina, las comunicaciones de la flota alemana dejaron de tener secretos para los Aliados. Las pérdidas por ataques de submarinos alemanes cayeron rápidamente, ante el asombro de los alemanes, que no entendían el porqué de esa repentina falta de efectividad. Por éste o por otros motivos, a partir de febrero de 1942 cambiaron todos los códigos empleados en la utilización de la Enigma. No fue hasta finales de ese año cuando los criptógrafos reunidos en Bletchley Park consiguieron desentrañar el misterio de los nuevos códigos empleados en la máquina, aunque nunca se ha revelado exactamente cómo lo consiguieron. Aun así, algo tendrían que ver la construcción por parte del servicio de inteligencia británico de uno de los primeros ordenadores del mundo, bautizado con el nombre de Colossus, para facilitar los trabajos del grupo de expertos.

Las dificultades no acabaron aquí. En marzo de 1943, un convoy de barcos aliados zarpó de Nueva York con destino a Gran Bretaña. Casi a la vez, los alemanes introdujeron un nuevo modelo de máquina, la Enigma M4. La diferencia fundamental con la anterior era que contaba con cuatro ruedas internas en lugar de tres, lo que elevaba el número de combinaciones a 2 por 10 elevado a 145. La imposibilidad de descifrar los mensajes confeccionados con este modelo evolucionado provocó que los submarinos pudieran volver a reunirse con facilidad para atacar a los convoyes que surcaban el Atlántico.

Los Aliados asistían impotentes al trágico espectáculo de sus barcos hundidos por los torpedos alemanes. Había que actuar con rapidez para descubrir el nuevo sistema de códigos, pero hay que recordar que los secretos del anterior modelo no habían sido resueltos hasta casi un año después de estar en posesión de la máquina. Los expertos de Bletchley Park trabajaron día y noche y, ayudados por los conocimientos adquiridos en la resolución del reto anterior, necesitaron tan solo dos semanas para descubrir cómo funcionaba la nueva versión de la máquina.

A partir de ese momento, los mensajes más sencillos comenzaron a poder ser descifrados. Esto fue suficiente para que los submarinos nazis fueran ya prácticamente incapaces de hundir un solo barco, mientras los Aliados no cejaban en su presión para localizarlos y destruirlos, fueran donde fuesen. Para los alemanes, el mes de mayo de 1943 seria conocido como “el mes de los submarinos perdidos”.

 Además del Colossus, los científicos crearon otra computadora, la maquina The Bombe, para ayudar descodificar los comunicados de la Enigma M4. The Bombe poseía más de 2,400 válvulas, trabaja a 5.000 hertzios de velocidad, y comenzó a funcionar un día antes del desembarco en Normandía.

 Todo lo que hace referencia a la Enigma permanecería en secreto hasta los años sesenta, cuando el gobierno británico permitió que se consultasen algunos documentos, aunque tuvieron que pasar casi treinta años para que se conociera la mayor parte de la historia.
Aunque cada vez se disponga de mayor información y se vayan conociendo mas detalles sobre la ya famosa Enigma, esa maquina seguirá manteniendo su misterio y despertando la imaginación de los interesados en la Segunda Guerra Mundial.

A ello ayudó también la extraña historia que rodeó al ejemplar de la maquina que podía contemplarse en la mansión de Bletchley Park, el lugar en donde trabajaban los expertos criptógrafos. Esta casa, convertida en museo, podía visitarse dos sábados al mes sin necesidad de pagar entrada y no contaba con especiales medidas de seguridad.

Esta circunstancia fue aprovechada en abril del año 2000 por un ladrón que consiguió apoderarse de la preciada máquina, que tampoco estaba asegurada. La verdad es que aquel amigo de lo ajeno no tuvo que hacer un gran esfuerzo para llevársela; la Enigma se encontraba dentro de una sencilla vitrina y para acceder a la máquina únicamente era necesario levantar el cristal que la protegía. Parece ser que el robo se cometió a plena luz del día y que el ladrón, camuflado entre el centenar de visitantes que recibe el museo, se limito a introducir el artefacto dentro de una bolsa y salir tranquilamente a la calle.

El nuevo e ilegal propietario de la Enigma exigió una cantidad equivalente a unos 7.000 euros por su devolución, cantidad muy moderada si se tiene en cuenta que estaba valorada en unos 150.000, aunque se considera que su valor histórico trasciende el valor monetario.
               
Pero una serie de circunstancias llevaban a pensar que existía alguna historia turbia en todo el asunto. En el mensaje en el que el ladrón pedía el dinero se refería despectivamente a la directora de Bletchley Park como “esa mujer”, sin aludir a su cargo. Ese detalle hizo pensar a los investigadores que el ladrón la conocía personalmente. A esto hay que añadir que la directora fue nombrada rodeada de una fuerte polémica interna, ya que hasta ese momento la institución venia siendo regida por un grupo de voluntarios, algunos de ellos ex agentes secretos, defensores de la tradición y de mantener las antiguas costumbres.

En cambio, la nueva directora, de perfil netamente empresarial, llevaron con aires renovadores que no encajaban con el espíritu que hasta ese momento había reinado en la institución. La lucha por el poder llego a tal punto que consiguieron que la directora fuera despedida, pero poco después no pudieran impedir que esa decisión fuera revocada.

En ese tenso ambiente, se generaron también anónimas amenazas de muerte a la directora, fue el escenario en el que se produjo el robo de la Enigma. Aunque se estaban haciendo esfuerzos para identificar al delincuente, la dirección del centro estaba dispuesta a entrar en negociaciones con el ladrón, debido a la gran importancia del objeto y al bajo precio del rescate exigido.

Como si el carácter de la maquina impregnase misteriosamente todo lo que la rodea, el 18 de octubre del 2000, el periodista de la BBC Jeremy Paxman recibió un extraño paquete por correo. En su interior, sorprendentemente, se encontraba la Enigma robada en Bletchley Park. Pero el misterio no quedaba resuelto; la identidad del ladrón seguía sin conocerse y, lo que es más grave, en la maquina faltaban las tres ruedas internas. 
        
El caso volvió a la primera pagina de los periódicos un mes después. El 19 de noviembre del 2000, el Sunday Times aseguraba en su portada que dos de sus periodistas habían resuelto el caso del robo de la máquina. En esa información se aseguraba que, a finales de octubre, los redactores habían recibido una misteriosa carta sin remitente que contenía una palabra en clave, de la que sólo se dio a conocer que tenía ocho letras y empezaba por “i”. El autor de la misiva afirmaba que conocía el paradero de los tres rodillos desaparecidos.

Los periodistas, intrigados, decidieron publicar un anuncio por palabras en el Times con el siguiente texto: “(La palabra clave), encantado de recibir su comunicación, por favor, contacte con Nick”. Estas palabras fueron insertadas en el diario durante tres días, hasta que el anónimo comunicante se puso de nuevo en contacto con los periodistas. En este caso, accedió a encontrase con ellos; el lugar de la cita era un cementerio.

Los reporteros respondieron a esta propuesta afirmativamente, utilizando la sección de anuncios por palabras del Times. Pero el 8 de noviembre recibieron una nueva carta en la que el autor expresaba su temor a ser acusado del robo de la Enigma y, por tanto detenido por la policía en el caso de seguir adelante con el contacto previsto, así que el encuentro debía suspenderse.

Lo que ocurrió tras esa reunión frustrada es un misterio. El rotativo no explicó con exactitud lo que ocurrió después. Sin entrar en detalles, afirmaba que la policía  fue puesta al corriente de todo el caso. Es posible que el autor de las cartas se le tendiese una trampa. Lo único cierto es que el sábado 18 de noviembre, un hombre de 57 años fue detenido. El periódico anunció que las ruedas de la Enigma serían recuperadas, si bien desde entonces no se ha tenido ninguna noticia del paradero de esas históricas piezas.     

En febrero de 2006, la Enigma volvió a centrar la atención del público, cuando se dio a conocer que un grupo de criptológos ingleses había descifrado uno de los tres mensajes alemanes interceptados que, debido a su complejidad, no habían podido ser todavía descodificados.

Los mensajes descifrados por estos expertos fueron codificados mediante la Enigma de cuatro rotores, la M4. Para lograrlo, se recurrió a una aplicación de software de código abierto; desde la página de web del proyecto, los internautas ayudaron a descifrarlo aprovechando los tiempos muertos del ordenador para realizar los cálculos.

En 1995 una revista criptográfica publicó tres mensajes codificados alemanes que nunca se habían podido descifrar hasta que Stefan Krah, un violinista aficionado a los criptogramas y a las nuevas tecnologías ideó ese programa freeware que permitía, uniendo varios ordenadores mediante internet, descodificar los mensajes secretos nazis.

El 20 de febrero del 2006 quedó descodificado el primero de los tres mensajes. El comunicado cifrado era como sigue:

“nczwvusxpnynminhzxmqxsfwxwlkjahshnmcoccakuqpmkcsmhkseinjusblkiosxckubhmllxcsjusrrdvkohulxwccbgvliyxeo—hxrhkkfvdrewezlxobafgyujqukgrtvukameurbveksuhhvoy-habcjwmaklfklmyfvnrizrvvrtkofdanjmolbgffleoprgtflvrho-wopbekvwmuqfmpwparmfhagkxiibg”.

Gracias el trabajo de Krah y sus colaboradores, aquella información oculta durante más de seis décadas fue finalmente decodificada:

“obligado a sumergirme durante el ataque. Cargas de profundidad. Última posición enemiga 0830 en punto, Aj 9863. Curso 220 grados, 8 nudos. Impacto después. 14 mb cae. NNO4. Visibilidad 10. Looks.”

El 7 de marzo de 2006, poco después de que el primer mensaje fuera desvelado, se logró la traducción del segundo, cuyo formato original era éste:

“tmkfnwzxffiiyxutihwndhxifzeqvkdvmqswbqndyozftiw-mjhxhyrpaczugrremvpanwxgtkthnrlvhkzpg mnmvsecvckhoinplhhpvpxkmbhokccpdpevxvvhozzqbiyieouseznhjkwhydagtxdjdjkjpkcsdsuztqcxjdvlpamgqkkshphvksvpcbuwzfizpfuup”.

La traducción de esta combinación de letras es:
“No se ha encontrado nada en el rastro del convoy 55.°, moviendo a la cuadrícula ordenada. Posición naval AJ3995, SO4, mar 3, 10/10 nublado, 28 mb subiendo, niebla. Visibilidad 1 sm. Schroeder” 
         
El tercer mensaje, al ser más complejo, se esperaba entonces que fuera descifrado en un plazo de unos tres años.

Definitivamente es muy posible que la Enigma seguirá siempre unida al misterio que la rodeó antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.               

junio 24, 2012

El Perfil Psicológico de Adolph Hitler

Hacia el año 2000 salio a la luz pública un informe que implicaba un análisis sobre la personalidad de Adolph Hitler entre documentos de la Donovan Nuremberg Trials Collection de la Biblioteca de Derecho de la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York. El documento había estado clasificado como secreto durante más de cinco décadas, hasta que pasó a los fondos de la Universidad de Cornell, pero curiosamente ningún investigador había revisado y tomado en cuenta en el hasta ese momento. El psiquiatra, Jerrold Post, quien reviso por primera vez el texto íntegro del informe cuando investigaba para su propio libro, denominado “La evaluación psicológica de los líderes políticos”.

Dicho perfil psicológico fue elaborado en 1943 por el psiquiatra Dr. Henry Murray, de la Universidad de Harvard, a petición de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), para ayudar a los Aliados a entender el carácter del Hitler. El doctor Murray trabajó en un equipo capitaneando por el psiquiatra Walter Langer, cuyo cometido consistía en trazar perfiles psicológicos de los líderes mundiales. El papel de Murray en el cuadro psicológico de Hitler había pasado hasta ahora casi desapercibido. Casi todos los méritos se los había adjudicado Walter Langer, que en 1972 aprovechó gran parte del material para escribir La mente de Adolf Hitler.

El documento confeccionado por el Dr. Murray llevaba por título: "Análisis de la personalidad de Adolf Hitler con predicciones sobre su futuro comportamiento y sugerencias para tratar con él ahora y después de la rendición alemana".

De acuerdo con este informe de 250 páginas, que ha permanecido lejos de la luz pública  durante más de sesenta años, Hitler era una persona rencoroso, con baja tolerancia a la crítica, tendencia a menospreciar a las personas y a buscar venganza. Según el psiquiatra, el dictador germano era incapaz de aceptar una broma, se mostraba perseverante frente a la derrota y mostraba una fuerte obstinación y confianza en sí mismo.

Murray describía la personalidad de Hitler como la de un criminal compulsivo. Pero lo más destacable es que el trabajo del Dr. Murray predecía, entre otras cosas, el posible suicidio de Hitler. El psicólogo anticipó que, si Alemania perdía la guerra, Hitler podría suicidarse de forma dramática y explosiva, pero si le mataban podría convertirse en un mártir. El Dr. Murray llegaría a concretar de forma asombrosamente exacta las circunstancias en las que se podría producir ese suicidio: Retirándose a su búnker y pegándose un tiro.

El psicólogo norteamericano afirmaba que había un gran componente femenino en la constitución de Hitler, que tenia muchas debilidades, que nunca hizo trabajos manuales o practicó deportes y que de soldado era desagradablemente sumiso, presto siempre a plegarse con un servilismo irritante a las órdenes de sus superiores. En el terreno sexual, le describió como un masoquista pasivo, aunque ése no era el único modelo, y también se caracterizaba por su homosexualidad reprimida. El psicoanalista estimaba que las pesadillas que le perseguían entonces permiten sugerir que sufría pánico homosexual, es decir, terror ante la atracción sexual que sentía hacia los hombres.El Dr. Murray creyó apreciar también en Hitler síntomas de sifilofobia (miedo a contaminarse con la sangre en el contacto sexual con una mujer). Además, era propenso a la histeria y las tendencias edípicas y con una capacidad infinita para la autodegradación.

El doctor Murray estimaba que los crímenes que cometió pudieron deberse en parte al desprecio ante sus propias debilidades y como venganza por los abusos sufridos durante su infancia. Según Murray, la etapa infantil marcó dramáticamente el destino de Hitler, victima de las humillaciones y del sadismo de su padre. En su opinión, el pequeño Adolf se debatió entre el odio y el respeto a su padre y el amor y el desprecio hacia su madre.

En el informe de podía leer: “Las acciones conspicuas de Hitler fueron una imitación de su padre y no de su madre. Tenía sentimientos ambivalentes hacia ambos… Sentía envidia y admiración por el poder masculino de su padre, y despreciaba la sumisión y debilidad de su madre”. El «poder masculino» y las «sumisión femenina» libraron una guerra muerte en el interior de Hitler, de acuerdo con el psicoanalista norteamericano. Su afán de domino y crueldad manifiesta fueron una manera de superar el yugo, emulando a su propio padre, y de rebelarse contra la debilidad heredada de su madre.

A Murray también le correspondió asesorar al Gobierno norteamericano sobre qué hacer con Hitler en el supuesto de encontrarlo con vida. Murray y su equipo recomendaron llamarle Falso Profeta, Falso Mesías, Satán Encarnado o Criminal de Guerra número uno, por este orden. Entre otros castigos, sugería que a Hitler se le encerrara en una celda y se le martirizara con sonidos desagradables a todo volumen, bajo la mirada implacable de una cámara secreta que filmara su sufrimiento y se lo hiciera ver a todo el mundo.

Las circunstancias obligaron a Murray a psicoanalizar al dictador desde la distancia, para lo que reunió información de segunda mano, como su genealogía, su historial escolar y militar, informes públicos de acontecimientos en la prensa y filmados, la información de la OSS, y los propios escritos del dictador y de sus biógrafos.

Pese a las dificultades obvias para estudiar al paciente, el diagnóstico final del Dr. Murray fue que Hitler sufría neurosis, paranoia, histeria y esquizofrenia, entre otros males.

Según los expertos este diagnóstico está mediatizado por especulaciones y teorías que no han resistido el paso del tiempo. Para ellos, el estudio expone una serie de malinterpretaciones y prejuicios propios de la psiquiatría de eso años. Hay que tener presente que el doctor Murray no tenía a su alcance herramientas como los estudios genéticos o la catalogación de enfermedades mentales que llegaría tiempo después. Algunos consideran que la falta de datos científicos y el contexto en el que se elaboró el estudio psicológico, durante la Segunda Guerra Mundial y en plena eclosión del psicoanálisis, restan valor al cuadro clínico de Adolf Hitler.

Aun así, los expertos coinciden en que algunas de las conclusiones de Murray siguen siendo tan válidas hoy día como lo eran entonces, y lo que nadie puede negar a Murray en su acierto al avanzar cómo podía ser la muerte del dictador.

junio 21, 2012

El actor que hizo del Gral. Bernard L. Montgomery

Terminada la Segunda Guerra Mundial, se conoció el plan que llevaron a cabo los británicos para engañar a los alemanes. Uno de ellos consistió en utilizar a un doble del  general Bernard Montgomery para confundir al cuartel general de Hitler en las fechas previas al desembarco de Normandía. El hombre que se encargó de interpretar ese papel fue Meyrick Edward Clifton james, quien revelaría los detalles de la misión en un libro publicado 10 años después[1].

En la primavera de 1944, el teniente Clifton James desconocía por completo los planes que estaban reservados para él. Se encontraba en su oficina del cuerpo de pagadores del ejercito en Leicester cuando recibió una inesperada y sorprendente llamada telefónica; se trataba de celebre actor David Niven, que entonces estaba asignado a la sección cinematográfica del Ejercito.

Clifton James, nacido en 1898 en la ciudad australiana de Perth, había sido actor durante 25 años, y al estallar la guerra se había ofrecido voluntariamente para prestar servicio en la sección de espectáculos y diversiones. Sin embargo, fue destinado al cuerpo de pagadores, un puesto en el que se sentía frustrado. Niven le ofreció figurar en alguna película del ejército, para lo cual le convoco a realizar unas pruebas en Londres. El veterano actor acepto muy contento al creer que el ejército enmendaba su error y marchó de inmediato a la capital británica.

Pero allí se llevaría una nueva y, si cabe, más grande sorpresa. Niven le recibió junto al coronel Lester, del servicio secreto del ejército, y de inmediato le aclararon que no habían pensado en él para participar en ninguna película, sino para que se convirtiera, ni mas ni menos, que en el doble del general Bernard Law Montgomery.

Tras unos segundos de confusión, Clifton James comprendió que la propuesta no era descabellada. No en vano, sus amigos solían comentarle su enorme parecido con el militar inglés.

Incluso, en una ocasión, su imagen apareció en un periódico londinense, con un pie de foto que decía: “Usted se equivoca, es el teniente Clifton James”. Pero, aunque tenía asimilado, su parecido con Montgomery, la propuesta de ser su doble le dejó estupefacto.

Fue precisamente al ver es fotografía en la prensa cuando los servicios secretos británicos vieron la posibilidad de utilizar su enorme parecido para desorientar al enemigo. El coronel Lester le explicó en qué consistía el plan, denominado Operación Copperhead. Teniendo en cuenta que el día del desembarco en el continente se acercaba, y que los preparativos para el asalto eran imposibles de ocultar a ojos de los alemanes, se había elaborado un plan, con la aprobación del jefe supremo de las fuerzas aliadas, el general norteamericano Dwight D. Eisenhower, para intentar confundirles.

Había que hacer creer a los alemanes en la posibilidad de un golpe por sorpresa en otro escenario. Así pues, la idea era presentar pruebas de que Montgomery, el probable comandante de las fuerzas invasoras británicas, se hallaba en otro lugar, coordinando ese supuesto ataque secundario.

Clifton James aceptó el que, sin duda, sería el pape más importante de su carrera. En los días siguientes se dedicó a estudiar cientos de fotografías del famoso general y a observarlo con atención en lo noticiarios cinematográficos. Para facilitar la imitación, a Clifton James se le permitió conocer personalmente al propio Montgomery. Durante unos días, el actor permaneció cerca de él, encuadrado entre la oficialidad del Estado Mayor General, bajo la falsa identidad e un sargento del servicio secreto. Gracias a esa experiencia, lograría copiar a la perfección sus gestos más característicos, como su ligero saludo militar, el caminar con las manos entrelazadas a la espalda o el pellizcarse las mejillas mientras estaba concentrado en algún asunto.

Cuando el actor se vio ya preparado para ejecutar su difícil papel, se reunió a solas con Montgomery. Según recordaría Clifton James en su libro autobiográfico, el general le dijo: “Sobre sus hombros pesa una gran responsabilidad, ¿se siente seguro de lo que va a hacer?”. Clifton James dudó, pero Monty añadió rápidamente: “Todo va a salir bien, no se preocupe”.

Días después al actor se le comunicó que el plan se iba a poner en marcha. El 26 de mayo, el falso Montgomery debía realizar una visita a Gibraltar, visitando las diferentes instalaciones militares de la colonia británica, dando la impresión de que se estaban revisando los preparativos destinados a alguna inminente operación de importancia. Los ingleses se habían encargado de extender el rumor de que Montgomery iba a organizar una fuerza anglonorteamericana para invadir el sur de Francia.

El 25 de mayo llego el esperado debut. Clifton James fue caracterizado como el general y se dirigió en automóvil hasta el aeródromo de Northolt. Allí fue despedido por una formación de altos oficiales, algunos de los cuales conocía personalmente al general, pero nadie se dio cuenta del engaño, tal como se comprobaría tiempo después. Curiosamente, uno de ellos llegaría a afirmar que efectivamente, lo notó algo cambiado, aunque para bien, pues lo vio en mejor forma física.

Al día siguiente el actor llego al Peñón. Entre la multitud que se congregó para recibirle se encontraban unos cuantos trabajadores españoles que espiaban para los alemanes, por lo que la noticia de su llegada no tardaría en llegar a oídos de los nazis, tal como deseaban los aliados. El falso Montgomery atravesó ostensiblemente las calles de Gibraltar en un automóvil descubierto para facilitar el trabajo de los espías y acudió a la residencia del gobernador, el general sir Ralph Eastwood, quien sí conocía la Operación Copperhead. Ëste le recibió con todos los honores y, una vez a solas, le confesó que en un primer momento, al verle, creyó que el auténtico Montgomery había decidido venir en persona.

Dos horas después de que Clifton james hubiera llegado a Gibraltar, los agentes de Hitler en Madrid ya conocían todos los detalles de la visita. Cuando la información llegó al Cuartel General del Fuhrer, ésta fue interpretada como la confirmación del rumor de la proyectada operación anfibia en el sur de Francia.

Pero el viaje del actor no acabaría ahí. Clifton James partió del aeropuerto del Gibraltar, de donde fue despedido con todos los honores, rumbo a Argel, donde ya se había hecho circular rumores de que Montgomery llegaría para coordinar la invasión del sur de Francia. Allí fueron agentes franceses colaboracionistas los que se encargaron de trasladar de inmediato la noticia a los alemanes.

Tras unos días de estancia en Argel y visitar algunas instalaciones militares de los alrededores, Clifton james fue trasladado de forma secreta a El Cairo, en donde debía desaparecer hasta que pasara el día de la invasión. Con ese repentino y misterioso mutis su papel había concluido.

Según se le informó después de la guerra, su misión no había estado exenta de riesgos. Cuando la noticia de su visita a Gibraltar llego a Berlín, al alto mando alemán ordenó que Montgomery fuera asesinado o que su avión fuera derribado en el viaje de regreso. Pero siempre según la información proporcionada al actor, Hitler ordenó terminantemente que no asesinaran a Montgomery antes de descubrir exactamente dónde se produciría la invasión. Al no descubrirlo, pues todo era un engaño, Hitler no llegaría a autorizar la operación para acabar con la vida del falso Monty.

Pero de lo que no hay duda es que los alemanes picaron en el anzuelo tendido por los siempre competentes servicios secretos británicos. Se desconoce si esa maniobra de distracción fue la que provocó la retirada de algunos efectivos de la costa de Normandía para reforzar el flanco sur, pero sin duda sí que esta misión cumplida por el doble Montgomery contribuyo a aumentar la confusión entre los alemanes en las vísperas del Día D.

Tras la guerra. Gobernador de Gibraltar, el general Ralph Eastwood, señalo que el plan de representar a un oficial como el general Monty dio excelente resultados. Definitivamente yo mismo hubiera caído en el engaño si no hubiera conocido personalmente a Monty, además alas autoridades españolas quedaron convencidas de que el personaje que se nos presento era en realidad el general. La ejecución del plan fue espléndida.

Por el lado de Clifton James, que no consiguió el reconocimiento público durante su larga carrera actoral, sí obtuvo cierta notoriedad después de publicar su libro autobiográfico. Pero su labor de imitación del general Montgomery no había finalizado todavía. En 1958, John Guillermin dirigió una película basada en su historia, titulada I was Monty´s doublé. En la película el propio actor interpreta el papel del falso Montgomery. Clifton James falleció en la ciudad inglesa de Worthing el 8 de mayo de 1963.

Se dice el Mariscal Montgomery, al enterarse de su muerte señalo: “No era un amigo mío, lo vi una vez, me observo un tiempo y realizo un excelente trabajo, un muy buen trabajo  engañando a los alemanes en un momento crítico de la guerra. Siento mucho oir de su muerte.”


[1]  Clifton James, M. E.: I was Monty´s double. Hamilton and Co. 1954.